En mi cactario he pasado largas horas acomodando mis cactus, vendiendo, compartiendo con otras personas aficionadas a esta actividad, disfrutando con cada nueva flor que se abre, sufriendo con las que de repente muestran signos de enfermedad, y sobre todo alegrándome día a día, porque soy afortunada al poder hacer lo que más me gusta. Con mi esposo, observamos los avances de una planta que ayer era pequeñita y poco a poco nos va dando sus semillas, de donde nacen nuevos ejemplares. Miles de formas lucen ellas, y todas hermosas. Todas son suculentas, pero sólo las que lucen espinas son cactus. A través de sus espinas absorven la humedad que necesitan para sobrevivir en períodos de sequía. El desierto su habitat natural, las ha obligado a formar gruesas raices donde retienen la humedad que requieren para vivir. Son un reservorio de información y sustancias medicinales, cuyas propiedades se analizan y descubren, dejándonos asombrados.
BELLAS, MISTERIOSAS, MEDICINALES, ASOMBROSAS.
CON ESPINAS O SIN ELLAS, SON SUCULENTAS.